miércoles, 7 de julio de 2010

noches de luna llena

Cuando era niña me encantaba hablar con la luna llena.
En las noches de verano abría las ventanas de mi dormitorio para dejarla entrar. Al recibir su resplandor en la cara, me acurrucaba en la cama abrazando a un oso de peluche. Los ojos de las muñecas brillaban tanto bajo aquel baño de luna que parecía que iban a echarse a llorar. Pero yo no quería que se pusieran tristes; entonces, me levantaba de la cama para cerrarles los ojos. Después que todas las muñecas ya dormían, a mí me costaba dormirme. Si fijaba la mirada en la luna durante mucho tiempo, todo lo que me rodeaba empezaba a desaparecer. Ella solía transportarme a otro lugar. Un sitio seguro donde nadie gritaba, ni se oían insultos, ni amenazas. Se trataba de un mundo inexistente donde siempre podía flotar en el mar, acostada boca arriba, mirando el cielo y las gaviotas hasta quedarme dormida. De niña le tenía mucho miedo a la oscuridad y por eso me había aliado con la luna llena. Las noches en que no había luna ni estrellas, mis padres dejaban encendida la luz del corredor y entornaban la puerta de mi cuarto, pero no era lo mismo. Cuando era adolescente, bastaba cerrar los ojos para que los grillos llenaran todo el vacío de la noche, y cuando los volvía a abrir, la luna estaba mirándome con sus grandes ojos aguados. Me tumbaba en el césped a comer higos y a hablar con ella. Sabía de mí, más cosas que yo misma. Le contaba todo lo que quería olvidar, lo que me atormentaba el sueño, lo que no quería que nadie supiera. Hasta hoy mantengo cierta “relación”con la luna llena. Cada vez que vuelvo de trabajar y me la cruzo de camino a la estación, es como ver una página en blanco. Cuando su presencia se impone ante los altísimos edificios de Rotterdam, reflejándose en los cristales de las construcciones modernas, dejo pasar delante de mí a toda la gente, no corro detrás de ningún tren, y me detengo sólo a mirarla. El claro de luna es un oasis o una puerta de salida en medio de semejante ciudad donde puedo dejar de pensar en todas las cosas que tengo que hacer para el día siguiente. Hacía unas semanas Chris se había ido a Japón por trabajo. Y una noche, en la ventana de casa, me sorprendió una luna llena igualita a como la dibujaba cuando era niña: una circunferencia más grande que el resto del mundo, arriba de un techo a dos aguas. Me quedé un buen rato contemplándola desde el living con las luces apagadas. ¿Con cuántas lunas habría hablado en mi vida? Nunca las había contado. De repente, sonó el teléfono. Me sobresalté y fui corriendo a atenderlo. –Hola, ¿Chris? Nadie respondió. –Amor, ¿sos vos? –insistí. Pero la línea no comunicaba bien; sólo podía escuchar un ruido molesto, como si estuvieran arrugando bolsas de nailon desde algún otro rincón del mundo. Corté y antes de acostarme miré el reloj; ya era demasiado tarde. Me fui a dormir pensando en quién habría llamado. En plena madrugada volvió a sonar el teléfono y me despertó. Me levanté de la cama, bajé las escaleras todavía medio dormida, y cuando iba a levantar el tubo, el teléfono dejó de sonar. Miré por la ventana y vi cómo una luz pálida cubría todo el parque; una nube gigante y espesa que se iba devorando todas las hojas de los árboles. Sólo se escuchaba el canto de algún pájaro, anticipando el amanecer.

3 comentarios:

  1. Ale, nos regalás un nuevo relato lleno de tus vivencias. Me encanta tu estilo sencillo, emotivo, sincero. Con unas certeras pinceladas describís una situación y recobrás el pasado trayéndolo hacia al presente con un acorde de misterio. Sobre todo me gusta mucho al final la nota positiva en la promesa de la llegada de un nuevo día, la inminente y tranquilizadora disipación de las tinieblas en el trino de un ave...

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  2. Ale: Este relato me pareció fascinante, porque está, un poco como los demás, teñido de una bruma que hace que las personas parezcan como muy sutiles y etéreas; ese tono es soñador pero muy realista a la vez.
    El cuento de Finlandia me retrotrajo a nuestro viaje; es realmente lo que se vive allí. Ojalá algún día pudiera escribir como tú.
    Beatriz

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  3. Bienvenida Beatriz a la lupa!!!

    Gracias por acercarte y participar.
    Es muy lindo y alentador todo lo que me decís en tu comentario.

    Así que seguiré ADELANTE con los viajes de la lupa...

    UN GRAN ABRAZO, Ale

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