lunes, 2 de agosto de 2010

kenia, tierra de nadie - tierra de todos (3)

La camioneta en la que viajábamos nos sacudía como si de golpe nos hubiéramos caído en una especie de licuadora gigante. Por la ventanilla (en lugar de calles asfaltadas, semáforos, quioscos, y los típicos cafés que uno ve al recorrer una ciudad) se veía una vegetación espesa, abundante, que nacía de todas partes y apenas dejaba que se filtrara algún rayo de sol. Mis ojos no podían distinguir ni el comienzo ni el final de aquellas plantas enormes contorsionándose como serpientes. Más allá de los pájaros y algún mono perdido en medio de la vegetación, casi no había animales. Después de haber viajado durante horas entre aquellas montañas desde donde se podía ver de lejos el famoso monte Kenia, descendimos a una especie de llanura donde las cebras pastaban tranquilamente bajo las acacias.
Estábamos de camino a Naivasha, Maarten nos llevaba hasta su casa, cuando de repente frenó la camioneta como si le hubieran puesto luz roja, miré hacia adelante, y quedé prendida de esta imagen: una jirafa cruzándosenos por el camino con paso elegante, y al llegar al otro lado, nos hizo una gentil reverencia.

2 comentarios:

  1. Tal vez sea interesante compartir lo que procesas en tus escritos de tus vivencias en la próxima edición de Madrid del Festival Eñe América. Esta vez se invita a autores presentes en Montevideo (el primer festival se ha hecho allí). Se celebrará el 12 y 13 de noviembre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

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  2. BIENVENIDO Coco a La lupa del viajero!

    Es muy interesante lo que me acabás de comentar. Te agradecería más información al respecto.

    Gracias por acercarte y espero que sigamos en contacto.

    Saludos, Alejandra

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