martes, 2 de mayo de 2017

un retrato a mi padre


A veces se lo veía así, como en la foto que tengo pegada en el vidrio de la ventana, con el semblante tranquilo, una mirada profunda hacia alguno de nosotros, y la comisura de los labios dibujando un gesto a medio camino, quizá entre alguna palabra por decir y un esbozo de sonrisa. Esos eran los momentos en que nos podíamos comunicar. Instancias fugaces en las que mi padre no se sentía atacado por el mundo y se expresaba con un tono de voz azul oscuro, sereno como un mar libre de tormentos, articulando cada palabra con claridad, creando un ritmo ameno en su forma de narrar cada historia. Le gustaba hablar con imágenes, como si escribiera en voz alta. Un día me describió la vida como un bosque y un problema cotidiano como un árbol. “Si te quedás fijo en él, perdés la visión del panorama completo”, -me había dicho y me dejó pensando. “Hay que seguir para adelante, mija, hay que seguir” -me decía. 
En la foto se lo ve con el mate en la mano, sentado en el patio trasero de su casa en La Floresta, tras una luz veraniega, formando parte de un momento que si bien no recuerdo, sí puedo ubicarlo en la época a la que pertenece. Es una foto que le sacó mi amigo alemán Herbert, cuando fue a visitarme a Uruguay hace diecinueve años atrás. 

Empezó a llover. Miles de gotas se acumulan en el vidrio de la ventana. Pero la foto de mi padre queda intacta, resguardada dentro de casa, del otro lado del vidrio, y como si por un segundo pudiera regresar, miro sus ojos y comprendo que el tiempo ha pasado, que la vida es un tejido hacia adelante sin interrupciones; nada ni nadie queda congelado, sólo en la intensidad del recuerdo. Mi amigo Herbert murió hace dos años. Mi padre aún está vivo y naturalmente ya no es el mismo. Tampoco soy la misma. Y a la distancia reconozco los errores que cometí con mi viejo. Se me acabó la etapa en la que creía que sólo los padres son los que se equivocan. Yo, como hija adulta, también le erré muchas veces, y reconocérselo a papá por teléfono, aunque sea para empezar a reparar, me reafirma aún más, el camino que quiero seguir. 

3 comentarios:

  1. Siempre hay tiempo de reconciliarse con el pasado, con esas emociones que arrastramos a veces sin darnos cuenta. Yo pude hacerlo con mi padre, antes de que partiera. Hermoso tu escrito!

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  2. A mí me llevó un largo recorrido estar en paz con el pasado. Hoy puedo decir que gozo de ese privilegio.
    Estar en paz con mi pasado me permite estar en paz conmigo misma. Lunaroja, muchas gracias por compartir tus impresiones y tus experiencias.
    Aprovecho a agradecer también todos los aportes de amigos queridos que me escriben vía e mail.
    Abrazo grande

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  3. A mí me llevó un largo recorrido estar en paz con el pasado. Hoy puedo decir que gozo de ese privilegio.
    Estar en paz con mi pasado me permite estar en paz conmigo misma. Lunaroja, muchas gracias por compartir tus impresiones y tus experiencias.
    Aprovecho a agradecer también todos los aportes de amigos queridos que me escriben vía e mail.
    Abrazo grande

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