viernes, 18 de agosto de 2017

atardecer en Klåverön






Del otro lado del mar, el pueblo de Marstrand y su castillo se ven pequeños. Las luces del crepúsculo se cuelan entre las ramas de los arbustos reflejándose en los arándanos y las frambuesas. En el cielo una franja de luz recorta las nubes transformándolas en colinas doradas. El silencio no es silencio; es canto de pájaros y viento soplando las hojas. El sol se hunde en el horizonte. Las nubes que formaban colinas doradas se convirtieron en cenizas de plomo por encima de una franja de fuego. Es el final del atardecer. El castillo a lo lejos se ve más oscuro. Gestos y miradas de algunos amigos se me aparecen y los recuerdo sin pensar en nada concreto. Simplemente “los traigo” un segundo a este rincón de la isla.

4 comentarios:

  1. Un paraíso. Gracias por compartirlo.
    Besos.

    ResponderEliminar
  2. Es ensoñador tu paisaje! Un besazo!

    ResponderEliminar
  3. Gracias a ti, Amapola por darte una vuelta, leer, y disfrutar. ¡Un abrazo!

    ResponderEliminar
  4. Gracias Lunaroja por estar siempre tan presente. Aprovecho también a agradecer la cercanía de lectoras como Beatriz y Alicia que siempre me hacen comentarios muy sensibles vía e mail.
    Gracias a todos. Un gran abrazo

    ResponderEliminar